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LOS BENEFICIOS DEL CONSUMO DE PRODUCTOS ECOLÓGICOS

Me van a permitir para comenzar este artículo, que sugiera echar una mirada al retrovisor, ya que, el espejo retrovisor es tan útil que el vigente código de la circulación recomienda su uso y sanciona su inexistencia, porque permite ver lo que dejamos atrás y lo que se nos viene encima o nos adelanta. Aprovecho esta metáfora coloquial para que nos sirva de reflexión, autocrítica y evaluación, respecto del actual modelo de alimentación que se ha ido extendiendo y generalizado a partir del último tercio del Siglo XX.
Por otra parte, el artículo lo he titulado "Beneficios del consumo de productos ecológicos" y añadiré un matiz al mismo concepto y es el de que, nos apercibamos o no, "todos vivimos gracias a la tierra y a las personas que la trabajan y cultivan". Pues todos precisamos comer para subsistir y, para comer se precisa de la agricultura, siendo el suelo uno de los recursos más importantes para conseguir los alimentos.
Y, sobre esta necesidad, existen muchísimos dichos y refranes populares que se han ido estableciendo a través de los distintos periodos históricos (algunos con terribles hambrunas) que van desde el popular "Lo que no mata engorda" a "Lo primero y principal es oír misa y almorzar; pero si la cosa corre prisa, primero es almorzar y después oír misa" pasando por ese tan rotundo de "Los más cercanos parientes son los dientes".
Por eso, cabe recordar también, que no se entiende que es lo que está pasando para que la crisis del sector agrario sea de una magnitud que no podíamos ni imaginar los que -por nuestra edad- ya peinamos canas, y/o nos hemos quedado calvos.
No obstante lo anterior, el sector de la "Agricultura Ecológica" (que utiliza los métodos de la agricultura orgánica, biológica u ecológica)" parece que está aguantando el tirón de la adversidad con dignidad y con un encomiable espíritu de futuro; por eso es el único que todavía cuenta en activo con un significativo porcentaje de personas jóvenes y de edad mediana.

La calidad convertida en placer
La agricultura actual, al igual que las otras actividades humanas, se ha visto favorecida por los grandes avances tecnológicos de los últimos años, sobre todo en la fertilización y la protección fitosanitaria de los cultivos utilizando productos de síntesis química. Pero, la aplicación de estas técnicas de intensificación ha llevado aparejado el surgimiento de nuevos problemas.
Y al tiempo, los cambios demográficos, sanitarios, laborales, económicos y culturales, que ha sufrido la sociedad española (al igual que los otros países de nuestro entorno) han supuesto profundas modificaciones en los estilos de vida, incidiendo, de forma determinante, sobre las costumbres alimentarias. Así, en muy pocos años, los consumidores hemos pasado de una alimentación mayoritariamente preparada en el hogar de tipo estacional, íntimamente unida al territorio, a una alimentación de "toda temporada", de corte internacional y de gran variedad de presentaciones, preparaciones y tratamientos (precocinados y cuarta gama) que facilitan el consumo cómodo y rápido.
Pero, según se desprende de la lectura de revistas especializadas y de diversos estudios epidemiológicos publicados, en determinados países de la Unión Europea y más concretamente en España, Italia y Portugal, las enfermedades originadas por excesos y manipulaciones en los alimentos son crecientes, lo que se relaciona con el abandono de la dieta mediterránea tradicional por una parte considerable de la población.
Ante esta cuestión estamos ante un fenómeno similar al de la globalización, al que resulta imposible oponerse de forma directa, pero si que es posible de mejorar la situación para el bienestar de las personas mediante la formación y la información, dado que algunas de estas do-lencias tienen que ver con el con el consumo desmesurado de determinados alimentos.
Beneficios para el Consumidor
Los productos considerados como naturales y en concreto, los certificados como procedentes de la "AE" -definida como el conjunto de prácticas agrarias que excluyen el uso de organismos modificados genéticamente y de productos químicos de síntesis como fertilizantes, plaguicidas, antibióticos, etc., con el objetivo de proporcionar alimentos con todas sus propiedades naturales a la vez que se preserva el medio ambiente y la fertilidad del suelo- son cada vez mejor considerados por la ciudadanía. Y, ello aún a pesar de que, en ocasiones no se valore esta cuestión como se debería por el conjunto de la moderna sociedad, dado que nos proporcionan enormes beneficios sociales.
Y es que, los productos agroalimentarios, con la calificación de ecológicos, origina unos alimentos que para muchos consumidores españoles y un mayor número de otros países de la Europa comunitaria, son el paradigma de la máxima calidad y seguridad; puesto que personifican para un importante sector de ciudadanos, los parámetros de integridad, pureza y valor artesanal de materiales y métodos utilizados en su obtención.
Y si consideramos al ciudadano consumidor como ser racional e informado, se supone que, al acudir al mercado, elige los bienes que adquiere, en función del máximo beneficio que le pueden proporcionar, contando obviamente con sus posibilidades económicas lo que actuará siempre como factor limitante.
A más, todos sabemos que sus características organolépticas, son las propias sin haber sufrido forzados por haber seguido un ciclo de cultivo o, desarrollo animal, acorde con su biología y, haber sido producidos sin la aplicación de productos químicos de síntesis, garantizando por ello, que el producto se encuentra libre de estos residuos de plaguicidas, conformando los máximos atributos de valor. Ni por supuesto se admiten aquellos productos modificados genéticamente.
Además, el consumidor informado también sabe que, al adquirir productos ecológicos está colaborando con una agricultura sostenible, no contaminante, en definitiva respetuosa con el medio ambiente y no esquilmante de los recursos naturales, lo que, contribuye a preservar la vida rural y la cultura campesina, impulsando la creación de puestos de trabajo.
Ya en una encuesta realizada en octubre de 1.997, entre los asociados de AVACU, comprobamos que un 4% los afiliados consumían productos ecológicos de forma habitual y que, un 71% estarían dispuestos a consumirlos, si tuviesen proveedores próximos. Y, lo más importante a nuestro entender, es que, hasta un 25% de los socios estaban dispuestos a pagar hasta un 50% más del precio habitual por este tipo de productos, pero solo un 4% llegarían a pagar hasta el doble. Probablemente, éstos eran los que ya estaban consumiéndolos, porque la realidad es que estos productos, comparativamente –y no deberíamos compararlos por los otros beneficios que nos proporcionan- resultan a veces como a doble precio que los productos convencionales. Pero, esta encuesta no puede extenderse al conjunto de la sociedad valenciana al tratarse de un segmento poblacional seleccionado por motivos asociativos.
Pero, a partir de esa fecha podemos añadir sin temor de equivocarnos, que detectamos cada vez un mayor interés general por estos temas y que, sin duda el conocimiento en la utilidad de este tipo de alimentos es progresivo entre los españoles, ya que si no aumentase el interés, de año en año, no sería posible lo que afirma, en este caso, el profesor investigador de la Universidad Complutense de Madrid Don Víctor J. Martín Cerdeño (Revista de MERCASA "DISTRIBUCIÓN Y CONSUMO" Nº 75. Mayo/ Junio 2004) al expresar que: "durante el año 2003 un 11% de las hortalizas frescas y un 7 % de las frutas frescas consumidas en España han sido producidas, ante la demanda de los consumidores, mediante técnicas de agricultura ecológica", porque todos sabemos, que no se pide aquello que se desconoce. Y a más, tampoco hubiese crecido el número de operadores en el sector tal como ha ocurrido que han pasado de 396 en el año 1.991 a 17.688 en el 2.004.
Por todo lo anterior es que estamos convencidos de que la AE tiene posibilidades de desarrollo; y ello, aún a pesar de que no se nos escapan algunas dificultades de carácter social, como es el hecho pérdida de conocimiento de sabores tradicionales en la juventud y los niños, por haber sido educados en otros gustos y otros sabores y que, en general, ahora los consumidores quieren tener de todo y todos los días del año y eso no siempre es posible por la estacionalidad de las producciones ecológicas.
Por otra parte, es importante que la producción se acompase con la demanda ya que también sabemos que no se pueden lanzar al mercado los productos desconocidos. Así se puede decir, en cierto sentido, que realmente la información mejorará las posibilidades de la alimentación de calidad, por lo que se necesita establecer una política de comunicación adecuada. Pero realmente, en estas cuestiones del conocimiento del consumo, el mayor problema se plantea en conocer las potencialidades reales de un mercado. De aquí, los estudios que realizan las grandes empresas comerciales al respecto y, que la Administración no ha llegado a emplear para mejor orientar a los productores.
Tal como al comienzo nos hemos referido hoy sabemos, que la llamada "Dieta Mediterránea" es la más saludable de cuantas están generalizadas en los países desarrollados, siendo el aceite de oliva uno de los componentes más esenciales y significativos. Y, precisamente el del olivo es el cultivo más extendido y representativo (1.349.613 olivos en 9.526'45 Has) de la Zona del Macizo del Caroig.

 

Juan Martorell Briz

Juan Martorell

Es de Tous, de donde es Cronista Oficial. Funcionario jubilado de la Conselleria de Agricultura, donde fue , entre otras cosas, Director Territorial de Agricultura y Medio Ambiente desde mayo del 97, hasta que en el 99 fue designado Jefe del Gabinete del Conseller, hasta que en julio en que regreso a su puesto de Jefe de la Sección de de las Oficinas Comarcales de Valencia. A la vez es Vicepresidente de la Asociación de Consumidores y Usuarios (AVACU) y entre otras cosas miembro del SEAE y de la Sociedad Económica de Amigos del País. Ha publicado artículos en diversas revistas y periódicos.

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