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10 anti-mandamientos

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Dice la historia bíblica que Dios puso en manos de Moisés los 10 mandamientos o decálogo de la verdad al subir a las montañas del Sinaí. Eran y siguen siendo, leyes de comportamiento humano para trascender la cotidianidad y, encontrar a través de la fe, a Dios en uno mismo. Solo una conducta impecable y amor en los actos diarios conducen a Dios. Sin embargo, en nuestra avanzada y tecnificada sociedad, pero decadente y degradada a la vez, vemos de continuo, como el hombre ha olvidado a su Creador, en primer lugar porque tiene obnubilada su capacidad de raciocinio por la ausencia de neuronas activas debido a la mugre acumulada por abandonar la tarea más importante de su cerebro, pensar, cuestionar, en este caso, qué es Dios o quién es Dios. Quizás debería apartar la mirada de una iglesia que pudierase considerar un fraude y de un dios que ha sido más producto de comercio que de entendimiento, y así, indagar por cuenta propia para llegar a conclusiones, posiblemente, por no acuñar de certeras, las respuestas que tanto anhela en el fondo de su corazón. Sin esta educación es difícil entender la creación universal, su orden e inteligencia que existe en cada uno de sus átomos que hacen posible la maravilla que contemplamos a cada momento. Repito que sin esta educación, o más bien auto-educación, nos dejamos llevar por una educación más generalizada y menos ilustrada. Y en esta observancia aprendemos creencias, formulas y cuestiones que en nada nos mejoran como personas. Y una sociedad avanza con el conocimiento y la fe de manos de la verdad. Un hombre mejora con la sabiduría de todos los tiempos porque es un hecho irrefutable que esta sapiencia es eterna.

"Amaras a Dios sobre todas las cosas"

Pero, que nos enseña la sociedad. Dios ha muerto, por lo tanto, a quien hay que amar es a uno mismo. Además, un dios que consiente tanta enfermedad, tanta hambruna y tantas guerras y miseria, ¿qué dios es? Uno se siente abandonado en este mundo cruel. Infierno más bien porque no hay que confiar ni en la propia sombra, a la mínima el vecino te viola, te atraca o te roba. ¿Es que no lo veis en TV? Además, hay que rodearse de cosas que no necesitamos realmente para figurar quienes nunca seremos realmente, ser perfectos en cuerpo y ropas de última hora para llamar la atención a quienes nunca nos querrán realmente. ¿Para qué necesitamos a un dios que solo estaba para reprimirnos el día del juicio final? Se le acabará la tinta o el papel de tanto apunte por pecaminoso estado en el que vive un hombre que no necesita a dios para nada. Cualquier cosa insignificante tiene más poder sobre la mente del pobre hombre que la palabra de un dios que murió. Palabras. Acaso, ¿la biblia es la verdad?

Pero, y ahora bien seria la pregunta a ti que lees esta correspondencia. ¿Qué has hecho por conocer a Dios?

Esta dejadez está condicionada a la educación social que dice amate tú y deja lo demás. Y un ego sobrealimentado cree que todo gira su alrededor, que no hay nadie más importante que él, y que tiene derecho a ver a los demás como lacayos de su razón de ser. Es que no veis mi carro con estrella, o mi traje de Massimo Dutti, o mi diamante en el cuello y abrigo de bisón. Yo soy dios.
Y la borrachera del primer mono darwiniano se hice evidente. Ahora la tierra vuelve a ser plana porque lo dice él. La ridiculez es tan absurda que roza la psicosis.

Admitámoslo, sin Dios el hombre está perdido. Además, la ciencia que siempre ha parecido como antagónica con respecto a las religiones y sus dioses, está demostrando a su manera y con sus jergas la existencia de Dios. Solo hay que leer, que estudiar, que dejar de lado intereses que nos alejan de mejorarnos y emprender la tarea más digna y honorable que tiene el hombre: encontrar respuestas a sus inquietudes más íntimas y relevantes de su vida.

Quiero aclarar que este anti-mandamiento: "Amate a ti sobre todo lo demás" es tremendamente frustrante. El ser humano está diseñado genéticamente para amar. Pero primero tiene que saber que es el AMOR. Y cuando realmente sabe que es el AMOR, encuentra a Dios. Por lo tanto, ese amor que se dedica a sí mismo sin conocimiento ninguno es un placebo repleto de miserias.

Un dictamen de un ego que domina una mente no instruida.

El segundo de los mandamientos dice: "No dirás el nombre de Dios en vano".

Una sociedad sin hombres sabios está condenada al caos. Y hoy, más que nunca, se endiosa la vanidad como el mayor de los insultos a Dios que murió líneas arriba. Dios es un instrumento o herramienta en boca de quienes deseen explotar emocionalmente por cualquier revés de la vida. Es la pataleta del niño enfadado por no conseguir el chuche que exige al papa. El hombre vacío de conocimiento habla de dios con desprecio. Está convencido de su inexistencia. Dice que no hay pruebas veraces e innegables que demuestren la existencia de Dios. Tampoco lo demuestra, e intenta poner en evidencia a quien piense contrariamente. Pero, tampoco tiene oídos para escuchar a los mejores científicos que hablan de Dios a su manera. Estas personas que lo saben todo sobre todo, y que necesitan poner la mano en la herida para creer en la realidad, les diremos que están, quieran que no, rodeados de pura magia, pues respiran oxígeno que no ven, sienten amor por los suyos sin entender de donde surge, sus cuerpos envejecen sin saber de su programa genético y su porque, utilizan energías intangibles, están sumidos en ciclos de vida que no entienden y que son cíclicos, tienen esperanza sin saber porque, piensan sin querer, aun a día de hoy ni los mejores especialistas entienden la mística del cerebro capaz de ejecutar miles de funciones a la vez sin dificultad, son como Santo Tomás que tuvo que tocar las llagas de Jesús para saber que era él después de la resurrección. Si no veo no creo. La testarudez y la negación son el primer inconveniente al cual el hombre de hoy se aferra para evitar lo desconocido. Se dice y se cree: "más vale bueno conocido que malo por conocer" pero, si no te atreves a conocer, cómo sabes si es malo. De esta actitud de conformismo hay que salir si no queremos estar en las cavernas del neandertal. La ciencia avanza y progresa gracias al ensayo- error. El éxito en cualquier área está sembrado de fracasos. Nadie crece sin dolor. Una vida sin dificultades a superar nos hace unos inútiles. No hay que temer nada excepto el miedo que paraliza la búsqueda de algo mejor y te empuja a argumentar la ridiculez y la ignorancia estúpida para salvar un ego que te aleja de la felicidad.

Dios no juega a los dados. Pero jugar a los dados con Dios es demostrar nuestra sin razón, nuestra simpleza con respecto a la grandeza que se recreó en nuestro potencial humano para alcanzar la divinidad, transformando ese mendigo en rey.

Si no crees en Dios, no hables de Él. No lo eches de menos ante las complejidades de la vida. Ampárate a tus vanidades que no son más que humos, porque con las manos vacías viniste y con las manos vacías te iras.

Dios no necesita al hombre. Es el hombre quien necesita a Dios. Si el hombre es capaz de respetar a quien conoce, mayor ha de ser el respeto a quien desconoce, y si es quien le da la Vida y hace posible su existencia, más aun.

Pasamos al tercer mandamiento: "Santificaras las fiestas"

Actualmente este concepto de fiesta está condicionado a la diversión y al goce. Todos esperamos el fin de semana para desconectar de cinco días de arduo trabajo y evadirnos de tal pena. Es una vía de escape a tan sacrílega situación. Sin embargo, en el pasado, está más cerca de ser un rito social donde celebrar algún significativo acontecimiento. El día de fiesta, es un día no solo para disfrutar del sosiego ganado después del ajetreo laboral, ha de seguir siendo un día para dedicarlo y agradecerlo a Dios, un día de meditación, de reflexión, de culto divino.

La semana está compuesta de siete días, y el séptimo es el domingo, día de fiesta, de descanso y consagración. Creyentes acuden a la misa en las iglesias para escuchar la palabra de Dios y reconfortar sus almas, y de igual manera en las demás religiones. Pero a día de hoy se deja de lado algo tan significativo como es la presencia de Dios en la vida de las personas. La ciencia pretérita habló de su inexistencia sin mostrar evidencias, acusando a la religión de lo mismo. Y he aquí la batalla abierta sobre la verdad o mentira de la cuestión. Es más fácil no creer en lo que no se ve. Pero, no se llega a ver porque no se tienen ojos para ver ni oídos para escuchar. Y la única manera de obtenerlos es la FE. Nunca una fe ciega, porque la ceguera absurda conduce al desastre. Una fe inteligente y juiciosa. Una fe que hasta la ciencia actual respalda con sus alocuciones cuando habla de una INTELIGENCIA superior que reordena el caos cósmico permanentemente. Claro que estos señores científicos utilizan una jerga mucho más sutil para explicar la existencia de Dios a diferencia de la ritualizada y, quizás, desgastada argumentación que siempre han ofrecido las religiones. Es como una puesta al día, un cambio de escenario pero con los mismos fondos.

Utilizar las fiestas para diversión nos hace ver que la desesperación emocional es profunda, y nos hace entender que algo falla en el ser humano. Y, sinceramente, todos sabemos que es.

Las fiestas son sagradas. La mayoría de ellas dedicadas a santos católicos que adoraron la belleza de la vida y sobre todo al Creador de la misma. Ha de ser no solo para reencontrarnos familiarmente y disfrutar de un buen comensal, ha de servir para reconciliarnos en silencio con nuestro ser interior y conectar con Dios, o el universo, o esa dimensión que sabes se recrea en tu infinita intimidad, o con lo que conecta con el campo cuántico, o con la nada o el todo. Etiquétalo como desees. Pero santifica ese día festivo por tener la suerte de estar presente. Y no hay mayor presente a la vida que ofrecerle tu agradecimiento.

Este día no es para borracheras, drogas y rock and roll. No es para botellones y causar mal alguno a propiedades ajenas. No son días de disputas ni conflictos con quienes están a tu lado. El disfrute que el sistema induce a la sociedad juvenil sobre todo, es puro consumismo. Te dice: trabaja y el sábado, domingo y festivos, gasta lo trabajado en parrandas y juergas porque la vida es corta y dios no existe. Y la estupidez ignorante lo cree. Para eso si tiene fe. Para lo profundo de cada cual, para el alma, la verdad y la creación, no.

El cuarto mandamiento dice que "has de honrar a los padres", pero todos sabemos que hoy no es así. Hoy parece que predomine el desprecio. Padres que han dado un educación apropiada, la mejor que se ha podido, basada en valores funcionales y no de catálogo, están siendo víctimas de insultos y vejaciones de hijos incluso con edades avanzadas. Adolescentes sin compromisos sociales exigen derechos que no prestan en su propio hogar, lugar donde han recibido el mejor ejemplo posible para socializarse con un entorno despiadado en ocasiones y en otras, más indulgente, pero igual de exigente. Padres que han amado y lo siguen haciendo a hijos cuya rebeldía roza la locura, padres que soportan sus paranoias por evitar romper la relación, padres cuya fe y amor son insuperables y darían sus vidas por ellos, padres que saben en el fondo de su alma que han aportado, que han transferido aquello que construye bondad y respeto, se preguntan dónde está el efecto del ejemplo, ya no de esos consejos nunca escuchados por necedad juvenil, sino de aquello que los hijos han visto con sus propios ojos y que ha sido acto de referencia para ser mejor persona y honrar a los padres por honrar estos a los suyos. ¿Dónde está ese aprendizaje del hogar? ¿A quienes imitan nuestros hijos para olvidar dichos valores integrados en el seno de la familia? Pides ayuda y siempre es para después. Les aconsejas y te reprimen. Parecen saber siempre más que nadie. Una vez escuche a un padre decirle a su hijo que sus defectos eran su fracaso como padre, pero estos defectos de personalidad, ¿son herenciados de los padres, realmente? Tener hijos irresponsables, ¿significa que los padres no supieron cultivar valores como la responsabilidad en todas las áreas de su vida? Tener hijos irrespetuosos para con sus padres, ¿significa que no se le enseñó el respeto y la consideración hacia los demás, que no se les inculcaron normas de convivencia social en el hogar y entorno? Tener hijos codiciosos y malvados, ¿significa que no se les enseñó frugalidad o mesura, saber administrar sus valores o priorizar adecuadamente sus deseos? Y si es malo, sus comportamientos dejan mucho que desear ante los demás, ¿significa que sus padres no se esforzaron lo suficiente en enseñarles que un acto de bondad tiene mayores beneficios que un acto de maldad? Si los padres son los culpables, quizás pensemos que tienen lo que se merecen, el castigo de unos hijos que han perdido el respeto.

Entonces, pregunto, en este escenario parece que solo jueguen dos actores: padres e hijos, pero ¿en realidad es así? Hay un tercer actor o factor presencial que pasa desapercibido pero que es categórico como influyente educativo y desestabiliza todo aquello que unos buenos padres se han esforzado en trasmitir a los hijos, una buena educación integral. Este miembro que parece invisible tiene tal peso en lo referente a la educación que desplaza el buen hacer de cualquier padre. Lo vamos a desvelar como el medio eficaz que descompone, bombardea y destruye de manera sigilosa los fundamentos de la familia, rompiendo las relaciones y haciendo pedazos los hogares: la TV.

Quien no ha oído aquello de que "una imagen vale más de mil palabras". Los padres enseñan con el ejemplo, ¿cierto? Y este mismo ejemplo como referente de primera categoría, ¿no es una imagen que se ha de imprimir en la mente del hijo para que mañana pueda éste llevarla a práctica y ser de nuevo un ejemplo a seguir? Los padres están siempre deseosos de contagiar con sus buenos actos a sus hijos, a cada oportunidad aprovechan para enseñar sus propios valores. Pero, existe un hándicap: el trabajo diario y la falta de tiempo. Ello priva que se repitan los comportamientos adecuados, los desenlaces antes las situaciones adecuados, y estos, los hijos, comienzan a fijarse en las imágenes que provienen de la TV, o de sus compañeros que también están influenciados por la TV, o por internet, y se dejan llevar por dicho fluir nefasto pero fácil de duplicar. Y, de este modo el esfuerzo de los padres se encuentran con fuerzas antagónicas que no se explican cuando un hijo muestra irresponsabilidad, irrespetuosidad y negligencias.

Dice este mandamiento que: "honraras a tus padres" pero les honran como manda el señor TV. Esta es la batalla que se gesta en el hogar por no creer que el cerebro de un hijo sea como una esponja que absorbe todo lo que las imágenes trasmiten y que su subconsciente almacena para reconformar su conducta social. Este es el principio del desprecio a lo humano que se origina en los hogares donde generalmente se intenta educar en valores magnánimos y universales.

Respeta en vez de insultar. Ayuda en vez de vaguear. Valora lo que tienes en vez de exigir lo que no das. Se generoso en vez de ser despiadado. Se bueno y no malo. Sensible en vez de frio y distante. Amoroso en vez de odioso. Deja de ver lo que perjudica y pon tu mirada en aquello que te llena por dentro. Desea integridad en vez de vanidades.

Estoy seguro que los padres tienen dificultades en la provisión educativa a causa de un tiempo necesario para ello, empleado en sobrevivir como familia por los muchos, y a veces abusivos gastos e impuestos, porque las fuerzas que han de combatir son y tienen un peso demasiado voraz e insaciable. Hacen al educando a su imagen y semejanza. Contra ello el raciocinio y el sentido común. Este animal de salitas hay que domesticarlo. Es una bestia que solo la destreza de los padres y gran cantidad de amor podrán transformarla en belleza. La que deseamos encontrar en los corazones de nuestros hijos y la que hemos decidido aportar como buenos educadores. Ahora sabemos qué falla si somos esos padres que sí se han enfocado en trasmitir valores y buena educación. Sabemos porque nuestros hijos responden como lo hacen, aunque no se reconozca, pues la sutilidad de esta mala educación que interfiere en la buena educación rehíla tan fino, que no nos la creemos. De eso se trata.

El siguiente mandamiento es aquel que dice: "No matarás" pero si matas a todo bicho viviente, incluso se te podrá galardonar como un héroe.

Esta sociedad esta, en parte, asociada con la muerte, mejor dicho, con matar. La muerte es una circunstancia natural que ocurre en un momento determinado por un motivo u otro. Lo más habitual es que sea en la vejez, cuando se cumple el ciclo de vida al cual hemos estado llamados. Pero este decreto que hace hincapié en no matar está lejos de referirse a la muerte por causas naturales. Más bien se refiere al acto de matar al prójimo por intereses y egoísmos que vienen de la mano ausente del amor a los demás. Se comienza con educación competitiva, con ser el número uno, con ser el mejor y por estar por encima de los demás. Cuando no se puede por falta de capacidad se saltan los métodos porque lo importante son los fines. Comienzan los egoísmos, los conflictos y las guerras, porque uno desea salirse con la suya. Que importan ya los demás si lo que quiero es esto o lo otro. Matar pasa a ser parte de la vida y se consiente porque por educación se nos ha enseñado así. Una educación, claro está, manipulada por intereses creados, por supuesto. Se mata al hermano, se mata al padre, al hijo y a la madre. Se mata al necio, pero también se mata al lúcido. Se mata al musulmán, al cristiano y al judío. Se mata al negro, al blanco y al amarillo, se mata al tonto pero también al listo, al malo y al bueno, al de arriba y al de abajo. Al de dentro y al de fuera. Ya parece ser una tradición matar a quien se quiera con o sin motivos. Las cárceles están repletas de asesinos, pero también están las calles. Asesinos piojosos que matan por unas monedas, pero también los hay, y son mucho peores, asesinos de guante blanco que matan en masas. Asesinan desde la celda, pero también asesinan desde instituciones políticas declarando guerras aquí y allí. Se mata porque no respetamos al prójimo. Y no respetamos al prójimo porque esa educación es privativa en el sistema. Simplemente no conviene. No es de interés porque no es rentable. La muerte, el asesinado, pintado del color que sea, individual o en masa, da trabajo. Comienza con una decisión, entra el sicario en acción, o el mercenario, o el ejército, y damos de comer a abogados, jueces, médicos, farmacéuticas, fabricantes de todo tipo, de armamento, de construcción, de mobiliarios, etc. Es una sociedad aposentada en la muerte, una muerte retorcida y desquiciada.

Otras cuestiones que identifican a nuestra sociedad como insana es la matanza de animales para la alimentación. Una alimentación manoseada por guantes negros y tóxicos por excesos de aditivos con intenciones de multiplicar ingresos a interesados en tener una comunidad enferma y excesivamente delicada para que no se revele contra un sistema opresivo y embaucador. Aditivos en todo tipo de alimento reproduciendo enfermedades incurables y como no, muertes.

¿Tanto hemos enloquecido que se ha olvidado por completo que sacando el ojo al otro al final todos quedamos ciegos? ¿En que nos han convertido a través de la "mala" educación, masiva y repetitiva, por los ecos del mass media? ¿Tan insensibles somos hacia los demás y hacia lo demás?

¿Hemos nacido para matar? Yo creo que hemos nacido para amar. Hemos nacido para ser más humanos no más animales, para ser más pacientes no más agresivos, más tolerantes no más intransigentes, más sensibles no más indiferentes. Misericordiosos no inclementes. Animosos no desalentadores. Luminosos no oscuros. Veraces no hipócritas. Dadores no rateros. Valerosos no indignos. Alegres no amargados. Felices no tristes. Respetuosos no descorteses. Humildes no necios. Libres no esclavos. Pacíficos no agitados. Unidos no disueltos. Sociales no incivilizados. Para ser grandes no para ser pequeños. Para ser más humanitarios, más caritativos y afables, no más maléficos, ni más inclementes, ni más rudos.

Se dijo que quien a espada mata a espada muere, y no hay mayor verdad que esta porque la ley universal sujeta al juicio implacable del Tiempo hará caer sobre la cabeza del asesino la misma losa que aplastó a su víctima. Solo el perdón sincero será capaz de aliviar la culpa del verdugo y capaz de cambiar la carga karmica que se impuso. Un perdón que nazca del mismo centro del corazón arrepentido por tal decisión injusta e injustificable.

Así que "no matarás" sigue siendo una de las más complejas asignaturas en esta sociedad. Pues matar a tu semejante, no solo transgrede tal decreto divino, sino que es un acto demoniaco y repugnante que mancha por siempre la conciencia de uno. Vivifica con la comprensión, entiende al otro, esfuérzate por saber cuáles son los motivos que le impulsan a cometer actos impropios. Ayúdale en la medida de tus capacidades, como individuo, como comunidad, como nación. Encuentra las similitudes, lima las diferencias y sus asperezas. Cuida a tu hermano, porque lo es en definitiva. Porque somos una familia, una familia humana, universal y espiritual.

De "no cometerás actos impuros" a "harás lo que te dé la gana", sin censuras, a sabiendas de que la ley es tolerante y flexible y que con dinero se compra la cuestionada justicia. Asalta la propiedad ajena. Irrumpe en los hogares de gente adinerada o no tan adinerada. Roba. Insulta. Critica, haz lo contrario a lo que predicas. Engaña. Castiga y oprime. Sáltate las reglas de convivencia sin motivos justos.

En verdad que el hombre es impuro por sistema. Es lo que ha aprendido a ser desde generaciones anteriores a día de hoy. Siempre con la cercana opción de ser el cambio que desea ver en su mundo. Somos esclavos de nuestras perversiones, de nuestros desenfrenos y libertinajes, y este es el motor de tanta desesperación silenciosa encadenada al círculo vicioso que ciega y mata nuestra esencia divina. Dejamos la generosidad de lado porque nuestro dolor y desgracia no nos permite ser buenos con nadie. Todos son mis enemigos. Somos víctimas de un infierno que no hemos creado, pero que nuestra dejadez acrecienta a pasos de gigante. Cometemos actos inapropiados de un ser virtuoso nacido para ser hijo del universo. Nuestros comportamientos no son lícitos, y dejan mucho que desear con respecto a las relaciones para con los demás. Nos mostramos sobérbiales. Nos rodeamos de cosas que no necesitamos con un dinero prestado para impresionar a los vecinos y que nos envidien y crean que somos lo que no somos. Nos paseamos con un coche último modelo, del banco, empeñados hasta las cejas para mirar a los demás como si fueran hormigas. Somos más en todos los sentidos que los demás y todo gira a nuestro derredor. Somos el centro del universo. Hasta aquí llega nuestra arrogancia y así nos comportamos con los demás. Frente a esta altanería ridícula uno ha de ser un poco más prudente y humilde porque todo es cíclico en la vida y si hoy estas arriba, mañana puedes estar bien abajo.

El segundo de los absurdos entre nuestros comportamientos es la promiscuidad y el desenfreno. La infidelidad comienza cuando la pareja no se conoce ni se presta el uno al otro como hombre y mujer. Los roles de esposa-esposo, madre-padre, hijo-hija, compañero-compañera, etc., son papeles que se desempeñan bajo el compromiso firme de unidad. Pero si la sexualidad es importante en la misma, el auto-conocerse y conocer a tu pareja desde esta disposición para que no haya sorpresas a medio camino, como aquello del tener amantes en cada puerto o que la liviandad no se pose entre la unión como algo habitual, habrá como digo profundizar en el estudio de la misma desde dicho nivel. Y mientras tanto, el comportamiento no se ha de alejar del decoro y la integridad, pues mantenerse limpios de corazón es tener una conciencia tranquila y ordenada. Por este motivo la conducta sexual ha de estar motivada en mantener la mente en paz y el corazón sereno cuando la libido comience a forzar el instintivo de complacencia erótica.

Continuemos con otro de los comportamientos desatinados en la conducta humana, el no tener medida para nada: gula. Se ha dicho hasta la saciedad que todos los extremos son malos para cualquiera y no solo en cuestiones como alcohol, drogas u otras adicciones. Cualquier abuso es perjudicial para la salud propia o la salud en una relación, familia o comunidad. Hay que evaluar adecuadamente pensando en los pros y contras de cualquier hecho antes de realizarlo y más aún si en algo perjudicara la salud de cuerpo o alma, pues las culpas y los remordimientos de nada sirven si se cometen excesos de cualquier índole a sabiendas del daño que se puede causar. Hay que ser prudentes, moderados y comedidos con y frente a los demás.

La conducta más ridícula en un mundo de abundancia como es nuestro planeta, donde cada cual tiene lo que tiene y quien más tiene más puede dar, es ser avaro y acumular por tener más y más. Recordar que a este mundo vienes desnudo, con las manos vacías y que de este mundo te iras desnudo, con la manos vacías. Las cosas materiales son prestadas. Tu estancia en el planeta es alquilada, no eres más que un invitado a esta aventura del vivir, y que tu estancia es un presente que puede culminar con alegría si has dedicado tiempo a servir al prójimo o culminar en un desengaño porque no ayudaste más que a ti mismo a coleccionar ajuares que otros detrás de ti dilapidaran. Jamás, nadie, se ha llevado nada al más allá. No está el sentido de una vida en la avaricia, sino en la sencillez y la generosidad. El sentimiento tan especial que se origina cuando uno se entrega a los demás no lo encuentras aun teniendo todo el oro del mundo.

Otro comportamiento muy extendido entre nuestra raza es la envidia que se les tiene a quienes les va mejor. Envidia al fin y al cabo precursora de males en el alma de quien la siente. Males que se traducen en enfermedades del cuerpo por un mal enfoque mental y de corazón. No conformarse con lo que se tiene a sabiendas que lo que se tiene no es más que lo que se quiere general y principalmente, es un auto-castigo inconsciente que no merecemos y que hemos de erradicar de nuestras creencias o patrones de pensamiento. Siempre hay que alegrarse del éxito de los demás. Además, hay que felicitarlos por ello y dar gracias a quien ha conseguido mejorar, pues será un referente que se puede alcanzar, incluso superar si alguien, en vez de mirar con los ojos torcidos, decide trabajar para ello. No envidiemos a nadie, que nuestro pensamiento y conducta sea noble y caritativa. Prestémonos a quienes tienen como a los que menos tienen, porque nadie podrá ofrecer quienes somos más que nosotros mismos.

Comportamientos enojosos, donde la ira, espanta y mata la belleza del momento y de la gente, donde uno cree que con "cabrearse" las cosas se ordenan, ocurre lo contrario. No por mucho gritar se establece la paz. El bravucón, sea jefe, padre o militar, o de cualquier otra índole, no es más que un camorrista energúmeno retraído incapaz de mostrar un poco de compasión a quienes son diferentes y con más educación. Cuando dos belicosos se encuentran arman la tercera guerra mundial. No son personas que sepan tener relaciones sanas. Son tóxicos en todo lugar y con los demás. Tienen un carácter retorcido con el cual pretenden que todo el mundo baile su música. Pero, en definitiva, detrás de esta vociferadora mascara solo hay un niño asustado, una deficiente autoestima o incluso un complejo de inferioridad. En vez de enojarse con los demás en nuestras interacciones, practiquemos la paciencia. Contemos hasta diez antes de explotar y llevarnos por delante algo tan importante como el amor de nuestra pareja o el de nuestros hijos.

Y por último, la desidia. Aun teniendo todo el tiempo del mundo y gozando de buena salud, no se tiene tiempo para avanzar. La mediocridad es fruto de la pereza, de la ausencia de motivación, de la falta de propósitos y sentido de la existencia. ¿Sabes cuál es tu responsabilidad en este planeta? Ayudar al otro a que dé un paso adelante. ¿Creías que te iba a decir acumular cosas? ¿Sabes cuanta gente tiene de todo y se siente vacía por dentro porque no es capaz de "echar un cable" a los demás? Has nacido para servir. Piensa lo que quieras, pero esta es una gran verdad. Estas diseñado para ofrecerte a los demás. Ofrecer lo que eres, lo que haces, lo que tienes. Además, ¿para quién crees que trabajas? ¿Para tu empresa y jefe?, ¿para el estado de tu nación? Trabajas para algo más grande y depende de ti que lo descubras. Una sugerencia: deja de poner ladrillos y comienza a construir catedrales.

El siguiente mandamiento nos propone "no robar", pero resulta que en el mundo de hoy todo el mundo roba. Quizás sea una generalización demasiado contundente, pero cuando observas que aquellos mismos que hacen las leyes con un objetivo claro de respetar la propiedad ajena, sea inmuebles o dinero, son los primeros en robarla, te preguntas en que infierno estas. Cuando ves que quienes han de velar por la ciudadanía son los primeros en desampararla, te preguntas en que infierno estas. Hoy, carga mayor sentencia quien roba un trozo de pan para alimentar a su hijo que quien roba millones de euros a los ciudadanos del arca de un estado que parece no alterarse mucho por tal infracción y violación de la confianza ciudadana. Parece que las leyes del hombre las constituye el hombre en dos sentidos: una para los pobres y otra para los ricos. Quien más dinero tiene podrá comprar la ley que le pueda perjudicar. Es como decir, o así nos lo hacen creer:" la ley esta echa a su medida. Es directamente proporcional a la cantidad de dinero con el cual la quieres comprar". Quien no tiene nada, nada podrá hacer al respecto.

Cuando un ladrón, con afán de poder y riquezas utiliza las políticas de su país para sus opulencias, es doblemente delincuente y la justicia debería doblemente penalizarlo, pero no ocurre así, porque parece ser que la piratería ha asumido el poder en la mayoría de los países. La corrupción y el desenfreno por acumular riquezas en cuentas paraíso es resultado de leyes que dan pie a este asunto, que en manos sucias, pero con guantes blancos, son los mismos quienes las hacen a su gusto para seguir expoliando a la ciudadanía sin justicia justa. Estos son los peores ladrones que siempre entran por la parte frontal del hogar. Después están quienes por detrás entran y te roban menesteres que han sido ganados con el sudor de la frente, atracadores de poca monta comparados con los de etiqueta blanca. Cogen lo que quieren con la ley en su mano. Que tipo de señores son estos que con sus leyes echas a su medida, que con sus manifiestos que nunca cumplen y con el poder de sus instituciones capaces de desvalijar a cualquiera porque les conviene, se erigen como regentes de un pueblo trabajador. Charlatanes mercenarios que visten trajes de marca Brioni o de Ermenegildo Zegna para impresionar al menos pintado y robarle lo más preciado de la manera más sutil posible. Esos son los ladrones más peligrosos de esta época.

Pero este mandamiento "no robarás" no está destinado a este hábil ladrón de alta gama. Está reservado a todos, robar no está bien, ni para el que roba porque lo degrada como ser humano, ni para quien es robado porque lo merma como una hormiga ante tal impotencia. Seamos respetuosos con lo que los demás se han ganado con el sudor de su frente. Dirijamos nuestras miradas a quienes nos respetan y consideran para que nuestros actos y conductas sean duplicas de aquellos que son un ejemplo como personas.

El siguiente mandamiento se refiere a "no dar falsos testimonios ni mentiras" ¿Se puede mantener la verdad en un mundo como el de hoy donde impera la razón o la enemistad? La verdad de uno bien puede ser la mentira de otro. Pero, la respuesta más juiciosa tendría que ser que sí.

Los falsos testimonios comienzan en la mente de uno. Se dice que el hombre es lo que piensa, y de lo que piensa habla. Los pensamientos siempre son retratos de un pasado. Lo que hablamos y pensamos ya está estructurado de alguna manera en nuestra mente, en lo que la psicología denomina subconsciente. El almacén de toda experiencia desde que uno comienza la aventura de la vía. Cierto es que también pueden ser, los pensamientos, fruto de un futuro, imaginamos lo que ocurrirá basándonos en un pasado experimentado. Con lo cual sigue siendo una especie de retrato actualizado, también. Algunos gurús nos recuerdan que "la mente es tu enemiga". Otros nos dicen lo contrario "la mente puede ser tu gran amiga". Pero, ¿qué es verdad en todo ello? Creamos que la mente donde se originan los pensamientos, es neutra, y por lo tanto de aquello que la alimentas, proyectará. Si tus sentidos están enfocados a la maldad, nada bueno saldrá de tu cabeza, si están dirigidos a la bondad te alejarás de los infiernos. En resumidas cuentas, el problema no es la mente, sino la mentalidad adquirida en base a los enfoques de nuestros sentidos. O sea, la mente puede ser tu amiga si la alimentas correctamente. Entonces, tus testimonios serán veraces, más aun comprenderás que los falsos testimonios, las mentiras son resultado de una errónea mentalidad, es decir de una equivocada alimentación.

Dar testimonios falsos, es tan grave como el chismorrear, inventar cosas de los demás o de uno mismo. Solo agravamos la situación con este tipo de argumentos, que, para quien sabe escuchar entenderá que quien habla y como habla cuenta más de sí mismo que de aquel a quien pretende mermar. La palabra puede herir, pues se ha dicho que cuenta con su propio poder. Pero, también puede agradecer, engrandecer, elogiar, animar, instruir, sanar, ayudar, etc., pues, ¿quién es perfecto en este mundo y no ha cometido desliz alguno? Todos tenemos piedras que echar a los demás, pero es de ser inteligentes guardarlas, o dejarlas de lado porque, ¿quién es mejor que quién? Todos llevamos una viga en el ojo que nos impide ver la totalidad de cualquier asunto y, nadie sabe la historia del otro como para ceñirse con insultos y vejaciones, críticas o juicios.

Antes de hablar de los demás, antes de mentir, y dar cuenta de falsedades, seamos sensatos y creamos que quien con ceguera se conduce acaba cayendo en precipicio seguro. Aquellos testimonios levantados sobre tierras movedizas por envidias y celos al prójimo, engullen lentamente al precursor, al difamador, jamás llega a tragar al difamado. Pues quien a espada mata esta misma espada lo mata. Ese es el poder de la palabra, que como un boomerang acude a la boca de quien la abrió.

Todo lo que está en la mente puede ser bueno o malo dependiendo de la fuente. Es la susodicha programación mental, la mentalidad, que siguiendo los patrones de una sociedad enferma y en algunos casos, extremos quizás, se recrea en el morbo y la facundia insípida, comedia ridícula, hedonista y enclenque, sin fines claros e íntegros. Darás falsos testimonio porque la ley del hombre pierde su razón de ser frente a Don Dinero, ese caballero de falsas esperanzas pero muy capaz de comprar almas perdidas. Una ley sujeta a intereses que cambian según el viento sopla. Una ley que olvida su idiosincrasia es una ley sin fondo ni forma.

Si has de mentir, guarda silencio, pues quien piensa antes de hablar una blasfemia y se retrae, ha ganado la batalla. Si has de criticar, juzgar o descalificar a los demás recuerda que no eres mejor, que un ego malicioso, una mentalidad errónea te hace creer que estas por encima de alguien que siempre y a pesar de su estatus es igual a ti. No eres mejor que nadie, pero siempre eres igual a los demás. Así que, si has de hablar de los demás, si has de dar testimonio, declaración o argumentar, que sea para bien, o simplemente calla. Porque todo es una opinión al no estar la verdad sujeta a la razón, y quizás tu opinión es la menos valida en momentos críticos.

La sugerencia más acertada siempre será: "pensar dos veces antes de hablar". Y el reto siempre será hablar bien de tu enemigo o, simplemente callar. Hablar bien de quien te quiere y de quienes amas es sencillo, práctico y agradable, pero hablar bien de quien te odia, o envidia o te ha hecho algún daño, es de ser magnánimos, y las grandezas de la vida solo se consiguen con este tipo de actitudes.

El noveno mandamiento está muy enlazado con el octavo puesto que "no consiente pensamientos ni deseos impuros". Esa son flaquezas humanas de muy difícil resolución. Nada es imposible, pero mucho es complicado de alcanzar.

La impureza, la contaminación es de época y muy difícil de erradicar de una sociedad que levanta sus pilares en estas flaquezas. ¿Quién no ha tenido un mal pensamiento o un mal deseo? Si pensar pensamos, como hemos dicho en el anterior mandamiento, depende de la cantidad y calidad de alimento que procesemos en la mente. Y si desear deseamos, depende de los pensamientos que más peso obtengan de dicho proceso. De todas maneras, hoy, con los medios de información que están constantemente emitiendo sus pésimas noticias sobre cualquier asunto y cuando no echan mano al archivo para recordarnos lo malditos que somos, están, como digo, educándonos constantemente en lo malo. La noticia buena no tiene réditos. En cambio la noticia morbosa, violenta y encarnizada, es suculentamente lucrativa para las entidades que controlan estos medios. Porque así nos han habituado.

Este es el secreto, los hábitos de nuestros pensamientos capaces de crear patrones de conducta. Una sociedad que es tratada de manera Pavloviana es una sociedad conducida al desastre, es como dejarse encandilar por el flautista de Hamelín y consentir que nos suicidemos en un precipicio. Si no despertamos de este sueño, vendrá en lobo malo y nos comerá.

Hagamos entonces de nuestros hábitos una manera de pensar más pura, más veraz y más pacífica, una nueva forma de vivir. Crea el pensamiento y mantenlo en mente constantemente hasta que surja la emoción. Esta generará la creencia y la creencia la fe motivadora para llevarlo a la realidad. Entonces, podrás crear el hábito si la practicas durante un periodo, pues como todo, las costumbres son el resultado de hábitos, de experiencias, en estos casos positivos, que se mantienen en el tiempo.

Desear el mal a los demás que parece ser la moda por lo que aparentan ser, por lo que tienen o dejan de tener, o por lo que hacen o dejan de hacer es un a perdida de energía y tiempo irrecuperables. Y, por seguro, la estancia en la tierra está limitada sin saber hasta cuándo. Deja de pensar mal porque esta costumbre es portadora de enfermedades. Si sabes lo que es la psicofísica, si has oído hablar del poder de la mente sobre el cuerpo, entenderás que el pensamiento cuenta con una fuerza inimaginable que afecta a la fisiología del cuerpo de maneras tan extraordinarias como increíbles. Pensar bien es votar por la salud. "Piensa bien y acertarás", podría decir un viejo refrán, en vez de lo contrario. Porque pensar correctamente es no enjuiciar al otro, simplemente porque jamás has andado su camino ni puesto durante unos minutos sus zapatos. Cuando no sabemos las razones de por qué se hace esto y lo otro, lo mejor es la vía del silencio y confiar en que el tiempo ponga las cosas en su sitio.
Entonces, este mandamiento se ha cumplir deseando el bien a todo el mundo. Pues, cada cual sabe lo que hace por cómo piensa, y que todo tiene consecuencias, buenas o malas. Esta es la naturaleza del libre albedrio. Elegir tu manera de pensar y actuar.

El último de los mandamientos tiene que ver con respetar la propiedad ajena. "No codiciarás lo bienes de los demás". En principio, codiciar es una condición que nace de la envidia, y como tal, está considerada dentro de la doctrina cristiana como pecado capital. Codiciar es desear a toda costa lo que consiguen los demás. Y en muchos casos, no se respeta en absoluto los métodos para alcanzar tal fin. Además, hoy ciertas inventivas están tan afanosamente estilizadas que pasan desapercibidas al monto de gente, es decir, lidian con tal destreza el alcanzar el objetivo por vías tan sutiles como en apariencia, legales, que sorprende, hasta que un tropiezo desvela la desvergüenza y el cinismo que esconde tal maraña. Pero aun así, el hombre sigue deseando lo que no tiene, por infeliz. Si, vive en desesperada amargura porque desear lo del otro es creer que el vacío existente lo llenará de algo que no se sabe que es y podrá alcanzar la luna con una mano. Hombre, diría yo, si no eres feliz con lo que tienes, jamás lo serás con lo que deseas tener, pues cuando lo alcances seguirás sintiéndote igual de necesitado, igual de vacío. No es cuestión de tener, sino de Ser. Ama lo que tienes y verás como la codicia por tener más y más al precio que sea, desaparece. La vida es un equilibrio entre el conformismo y el deseo, nunca la codicia, esta actitud desarmoniza por completa la naturaleza humana y nos pone a la altura de un depredador. Ante la concupiscencia y la intemperancia, la frugalidad. La moderación ante todo y en todas las áreas de la vida.

Gracias.

José Joaquín Llinares Nadal.

José Joaquín Llinares Nadal

J. Joaquín Llinares Nadal

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