Tus Noticias de La Ribera

2- Decretos en relaciones humanas

2 Evitar juicios sobre los demás y evitar enjuiciar sus actos y conductas

Esto es complicado, muy complicado en un mundo donde se recrean de continuo negocios sobre las críticas a los demás.

¿Qué sabemos del historial del otro a quien estamos criticando, condenando o juzgando? De ese conductor que pisa el acelerador a todo gas por carretera adelantando a quienes circulan delante sin pensar en radares ni líneas de asfalto. Ese conductor que nos provoca repentinamente, una tormenta de insultos por su descabellada conducción, arriesgando su vida y la de los demás con velocidad extrema que asusta al más sereno en carretera. Que aun llegando al destino nos acordamos de la rabieta que tal mequetrefe despertó en uno. Ese mal bicho que no merece circular entre profesionales, ¿en que feria le habrán dado el carnet? Juicios, críticas y más chismes cuando las razones de dicho hombre estaban más allá de cualquier conjetura asfixiada por la nube oscura y cargante. Le habían dado aviso del accidente de su hijo de gravedad absoluta, con altas posibilidades de fallecer. Hombre, más bien padre, que lo único que deseaba era estar con su pequeño y hacer lo imposible por salvarle.

Muchas son las razones que tienen las personas para hacer lo que hacen y nadie es una excepción. Desconocemos sus razones y es seguro que las tienen, luego está la decisión correcta o errónea al respecto, pero es seguro que la mayoría de la gente está convencido de que lo que hace es lo que debe, a muy pesar de las criticas ajenas. Pero, ¿que sabemos realmente de los demás? nada y lo repito una vez más porque el mayor de los descalabros que cualquier ser pensante vive en su silencio, a veces agrio, es el auto-desconocimiento. Si fuéramos lo suficientemente valientes como para emprender esta guerra interna entre lo que uno cree ser y lo que es en realidad, otro gallo cantaría.

¿Nos corresponde a nosotros emitir juicios sobre los demás? en nosotros hay una parte a la cual le encanta emitir críticas, chismes y dictámenes sobre todo lo que nos rodea. Sin ello parece que no nos sentimos nada. Recrea una sensación de superioridad cuando sentenciamos a alguien que nos empodera como a los dioses. De algún modo somos superiores al otro cuando comparamos nuestras supuestas virtudes con los supuestos defectos ajenos. Esta cuestión es resultado de un mal aprendizaje educativo donde el enfoque ha ido dirigido a un ego y su mediocridad superlativa, pero es y seguirá siendo, una cuestión sin remedio a no ser que la otra parte que mora silenciosamente en nuestro interior, y que corresponde a lo se considera realidad subjetiva o trascendente, diga aquí estoy, o sea, lo que en el argot espiritual se cataloga como Conciencia Presencial.

No puedes juzgar. No es que no debas juzgar moralmente, no, es que no puedes hacerlo porque a nivel espiritual está vetado emitir juicio alguno porque si lo haces infringes la ley y esta recae sobre ti. Sobre ti incurre la sentencia o un fallo parecido.

Juzgar al otro por cualquier incidencia, no deja de ser un auto juicio. Las palabras que salen de la boca dicen más de uno que en realidad puedan llegar a decir del otro. Las palabras toxicas identifican el foco del veneno que se encuentra en el centro de quien las emite y esta sería una razón ciclópea para revisar lo que vemos en el espejo que no es más que el epicentro del problema. Cuando culpas al otro de cualquier miseria tres dedos te señalan a ti. Además, en el fondo de uno mismo surge una lejana sensación de culpabilidad porque intuimos que dicho juicio nos castiga con la sombra mefítica de la angustia y el remordimiento pesaroso.

Cuando la esperanza está sujeta a lo externo llámese objeto o sujeto, cercano o lejano, corremos el riesgo de la decepción. Cuando no se alcanzan las expectativas que tenemos sobre los demás, cuando no logramos dar forma a los sueños, cuando un deseo se frustra, aparece la desilusión y los sentimientos que conllevan, tristeza soledad, desesperación, ira, enfado, arrebato, etc. Nos sentimos estafados y vulnerables por haber creído que debieran de suceder las cosas como uno cree. Y, el destino, nunca está en nuestras manos a pesar de tener cierto libre albedrio en un mundo tan causal como el nuestro.

Entonces, ¿porque hemos de evitar juzgar a los demás? por salud. Salud mental, salud emocional y salud social y espiritual. Porque el juicio afecta a la salud. Cuando se sabe que el amor es la única medicina del alma, no se recurre a ningún placebo, pues quien es capaz de dar amor a su enemigo tiene cualquier batalla ganada. Y no hay peor enemigo que el que contiene uno dentro, aquel que mina con sus infectos los pensamientos que se traducen en palabras y actos. Ese es el único enemigo a combatir con la mejor herramienta disponible en el cerebro del corazón: el amor. Cuando se ama, se acepta sin juicio ninguno, porque se entiende que cada cual es lo suficientemente responsable de sus actos y pagarán de alguna manera su tributo. Si juzgas serás juzgado por juzgar. Si condenas serás condenado por condenar. Si criticas serás criticado por criticar. Y ¿quién te juzgará, condenará y criticará? El peor de los jueces: tú mismo. Tu veredicto será la infelicidad y la desesperación, la desgracia y la vergüenza, que por no reconocerlo intentaras sustituirlo por llenar tu vida de cosas inservibles que traerán sucedáneos del amor, pero que seguirán vaciando tu vida de VIDA.

La salud mental depende de nuestros pensamientos. Si tus pensamientos no te benefician, cámbialos. ¿De dónde absorbes la información que forma tu estructura pensativa? Piensa con que alimentas tu mente, pues de esa alimentación provienen tus pensamientos y depende de la calidad de la misma el que pienses correctamente o que sigas enjuiciando y criticando todo a tu alrededor.

La salud emocional es esencial para la vida pues la calidad de tus pensamientos crearán la calidad de tus sentimientos y emociones. ¿Potencian emociones sanas y fructíferas que emitan buenas vibraciones?

La salud social indica cómo nos sentimos, actuamos y pensamos, pues nada hay más revelador que nuestras conductas y hechos. Esa es la realidad que destiñe cómo y quienes somos.

La salud espiritual identifica la calidad de vida que vives, que no depende de lo que tienes sino de quien has descubierto ser. Ni tu nombre, ni trabajo, ni títulos, ni familia, ni condición social, son capaces de dejar ver, de correr la cortina y mostrar al mundo quien realmente eres. Esa tarea es propia de un guerrero de la luz, de un soldado de la paz, capaz de capitanear su vida en la dirección apropiada y alcanzar la cima cual la llamada retruena en su fuero interno.

Cuando eres el criticado, simplemente, no va contigo. No consientas que te influya dicho dardo tóxico, venga de quien venga, porque el sentir sus efectos sí depende de tu actitud. Si el juzgador desconoce tu historial, tu razón de ser y hacer, tu motivación, desconoce tu vida, tu personalidad y entorno, es muy probable que la crítica esté lanzada para herir y ofender si quien la recibe así decide. Sin embargo, aunque no sea justa, puede ser de provecho si la tenemos presente y conlleva sentido para rectificar una manera errónea de actuar o de hablar. No todos los dardos dan en el blanco pero algunos de ellos tienen el don de ayudar a ver las cosas con un mejor talante. De todas formas, dejemos las críticas y juicios a un lado y utilicemos ese espacio y tiempo para mayor provecho, como puede ser ocuparnos de mejorar como personas en un mundo que no necesita de tantos jueces sin créditos ni doctorados y si reclama seres sensibles y humildes para reaprender a vivir con respeto y más consideración.
Gracias.

José Joaquín Llinares Nadal.

José Joaquín Llinares Nadal

J. Joaquín Llinares Nadal

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