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4 Ten esperanza en ti. Ten expectativas en ti.

Todo lo que parece real puede ser fruto de la imaginación, y la imaginación no tiene límites. En el mito filosófico de la caverna de Platón se describe una metáfora que ilustra hasta qué punto, como sociedad, vivimos una ficción sin cuestionarnos tal percepción.

Dice así:
"Platón empieza hablando sobre unos hombres que permanecen encadenados a las profundidades de una caverna desde su nacimiento, sin haber podido salir de ella nunca y, de hecho, sin la capacidad de poder mirar hacia atrás para entender cuál es el origen de esas cadenas.

Así pues, permanecen siempre mirando a una de las paredes de la caverna, con las cadenas aferrándolos desde atrás. Detrás de ellos, a una cierta distancia y colocada algo por encima de sus cabezas, hay una hoguera que ilumina un poco la zona, y entre ella y los encadenados hay un muro, que Platón equipara a las artimañas que realizan los tramposos y los embaucadores para que no se noten sus trucos.

Entre el muro y la hoguera hay otros hombres que llevan con ellos objetos que sobresalen por encima del muro, de manera que su sombra es proyectada sobre la pared que están contemplando los hombres encadenados. De este modo, ven la silueta de árboles, animales, montañas a lo lejos, personas que vienen y van, etc.

Platón sostiene que, por estrambótica que pueda resultar la escena, esos hombres encadenados que describe se parecen a nosotros, los seres humanos, ya que ni ellos ni nosotros vemos más que esas sombras falaces, que simulan una realidad engañosa y superficial. Esta ficción proyectada por la luz de la hoguera los distrae de la realidad: la caverna en la que permanecen encadenados.

Sin embargo, si uno de los hombres se liberase de las cadenas y pudiese mirar hacia atrás, la realidad le confundiría y le molestaría: la luz del fuego haría que apartase la mirada, y las figuras borrosas que pudiese ver le parecerían menos reales que las sombras que ha visto toda la vida. Del mismo modo, si alguien obligase a esta persona a caminar en dirección a la hoguera y más allá de ella hasta salir de la caverna, la luz del sol aún le molestaría más, y querría volver a la zona oscura.

Para poder captar la realidad en todos sus detalles tendría que acostumbrarse a ello, dedicar tiempo y esfuerzo a ver las cosas tal y como son sin ceder a la confusión y la molestia. Sin embargo, si en algún momento regresase a la caverna y se reuniese de nuevo con los hombres encadenados, permanecería ciego por la falta de luz solar. Del mismo modo, todo lo que pudiese decir sobre el mundo real sería recibido con burlas y menosprecio.

El mito de la caverna en la actualidad
Como hemos visto, el mito de la caverna reúne una serie de ideas muy comunes para la filosofía idealista: la existencia de una verdad que existe independientemente de las opiniones de los seres humanos, la presencia de los engaños constantes que nos hacen permanecer lejos de esa verdad, y el cambio cualitativo que supone acceder a esa verdad: una vez se la conoce, no hay marcha atrás.

Estos ingredientes se pueden aplicar también al día a día, concretamente a la manera en la que los medios de comunicación y las opiniones hegemónicas moldean nuestros puntos de vista y nuestra manera de pensar sin que nos demos cuenta de ello. Veamos de qué manera las fases del mito de la caverna de Platón pueden corresponderse con nuestras vidas actuales:

Los engaños y la mentira
Los engaños, que pueden surgir de una voluntad de mantener a los demás con poca información o de la falta de progreso científico y filosófico, encarnaría el fenómeno de las sombras que desfilan por la pared de la caverna. En la perspectiva de Platón, este engaño no es exactamente el fruto de la intención de alguien, sino la consecuencia de que la realidad material sea tan solo un reflejo de la verdadera realidad: la del mundo de las ideas.

Uno de los aspectos que explican por qué la mentira impacta tanto en la vida del ser humano es que, para este filósofo griego, está compuesta por aquello que parece evidente desde un punto de vista superficial. Si no tenemos motivos para cuestionar algo, no lo hacemos, y su falsedad prevalece.

La liberación
El acto de liberarse de las cadenas serían los actos de rebeldía que solemos llamar revoluciones, o cambios de paradigma. Por supuesto, no es fácil rebelarse, ya que el resto de la dinámica social va en sentido contrario.

En este caso no se trataría de una revolución social, sino de una individual y personal. Por otro lado, la liberación supone ver cómo muchas de las creencias más interiorizadas se tambaleen, lo cual produce incertidumbre y ansiedad. Para hacer que este estado desaparezca, es necesario seguir avanzando en el sentido de ir descubriendo nuevos conocimientos. No es posible quedarse sin hacer nada, según Platón.

La ascensión
La ascensión a la verdad sería un proceso costoso e incómodo que implica desprenderse de creencias muy arraigadas en nosotros. Por ello, es un gran cambio psicológico.

Platón tenía en cuenta que el pasado de las personas condiciona el modo en el que experimentan el presente, y por eso asumía que un cambio radical en la manera de entender las cosas tenía que acarrear necesariamente malestar e incomodidad. De hecho, eso es una de las cosas que quedan claras en su forma de ilustrar ese momento mediante la idea de alguien que trata de salir de una cueva en vez de permanecer sentado y que, al llegar al exterior, recibe la luz cegadora de la realidad.

El retorno
El retorno sería la última fase del mito, que consistiría en la difusión de las nuevas ideas, que por chocantes pueden generar confusión, menosprecio u odio por poner en cuestión dogmas básicos que vertebran la sociedad.

Sin embargo, como para Platón la idea de la verdad estaba asociada al concepto de lo bueno y el bien, la persona que haya tenido acceso a la realidad auténtica tiene la obligación moral de hacer que el resto de personas se desprendan de la ignorancia, y por lo tanto ha de difundir su conocimiento.

Esta última idea hace que el mito de la caverna de Platón no sea exactamente una historia de liberación individual. Es una concepción del acceso al conocimiento que parte de una perspectiva individualista, eso sí: es el individuo el que, por sus propios medios, accede a lo verdadero mediante una lucha personal contra las ilusiones y los engaños, algo frecuente en los enfoques idealistas al fundamentarse en premisas del solipsismo. Sin embargo, una vez el individuo ha alcanzado esa fase, debe llevar el conocimiento al resto".

Como ser individual tienes el potencial para descubrir esa nueva realidad que transformará la vida a niveles insospechados. En principio, admitir que tu realidad es resultado del sistema que manejan los medios hegemónicos interesados permanentemente en moldear tu mente a sus intereses. Esta concepción es difícil de asimilar pero es necesaria para cambiar nuestros paradigmas sobre la realidad circundante. La única esperanza que has de tener en la vida es en ti mismo. Toda esperanza en aquello fuera de ti, llámense personas o cosas es vana. Tú has de decidir en ti, para bien o para mal, los cambios que desees ver en el mundo. Eres tú la esperanza de tu mundo, de tu vida. Eres tú el hombre de Platón que decide descubrir la verdad y obtener la libertad merecida. Cuando tengas esta esperanza en tus posibilidades la podrás exteriorizar en lo demás. Si no hay cumplimiento de expectativas tampoco habrá confusiones ni sufrimientos. Habrá entendimiento. Porque tu realidad ya no será manipulada por terceros, será una realidad aprehendida por el esfuerzo llevado a cabo para liberarte, a través de la experiencia del conocimiento, de los grilletes que esclavizan al dolor y la ignorancia.

Tratar con la gente es complicado. De ahí las muchas decepciones en las relaciones. Las esperanzas siempre las tenemos puestas en los demás, y así nos va. Cuando no se cumplen nuestras expectativas que tenemos en ellos vienen los enfados. Deberían de ser, hacer o tener lo que creo que deben ser, hacer o tener. De este modo yo me siento bien, creyendo que el otro es predecible. Pero, ocurre lo contrario y aparecen las diferencias y discusiones que alcanzan rupturas en las mejores relaciones. La ausencia de aceptación destruye el bienestar mutuo. Y, también la presencia de aceptación da la esperanza adecuada para que esta perdure en el tiempo.

Lo que está claro es que cuando un hombre o mujer obtenga la confianza y certeza en sí mismo estará capacitado plenamente para vivir con esperanza una vida pletórica y ejemplar, una existencia próspera y exitosa a nivel individual y relacional. Dará de sí lo que es. Entregará lo que hace a un mundo con ansias de auténtica libertad. Y tendrá una clara visión del sentido de la vida en todas sus dimensiones. Ten esperanza en ti. Porque en realidad no puedes creer más en lo externo que en ti como ser humano. Si desarrollas esta virtud de la esperanza dejarás de contemplar las falsas siluetas que la tenue luz de una fogata detrás de tu esclava comodidad refleja en la pared de la cueva que tienes enfrente, o deberíamos etiquetar de prisión mental. Rompe de una vez estas cadenas que te atan a un mundo irreal que puedes cambiar con una decisión voluntariosa. De este modo saldrás de tu burbuja comodona y sibarita que te inhibe la opción legítima de una existencia sublime.

Y, no nos equivoquemos una vez más, pues algunas filosofías dicen que hay que tener esperanza con esto y lo otro. La verdad es que para tener hay que esforzarse en tener. Si uno no tiene no puede deleitarse, ni disfrutarla, ni dar. La esperanza no se puede pedir prestada, ni comprada, ni robar, solo se consigue con trabajo y ahínco. Hay que conocerse, profundizar en uno mismo para desarrollar el potencial increíble que late en la dorada arca del corazón. Solo si se trabaja con ilusión la esperanza, habrá esperanza para todo.

José Joaquín Llinares Nadal.

José Joaquín Llinares Nadal

J. Joaquín Llinares Nadal

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