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5-Pensar en positivo. Hacer en positivo, actuar con resiliencia y convicción.

Pensar... pero, ¿es pensar y ya está? No, ¡ojalá! Si tuviéramos tal destreza otro gallo cantaría, ¿verdad? Decía un maestro de la superación que el más grande de los secretos para el éxito es la perseverancia, y en esto de pensar en positivo no es menos importante, pues tener conciencia de nuestros pensamientos positivos ya es un logro muy loable, puesto que nuestra mente generalmente, está configurada con información de carácter negativo durante toda una vida. Sí, somos propensos a pensar mal antes que bien, y ello es resultado de una educación basada en la desconfianza. El peso de la negatividad es siempre superior al peso de la positividad. Existe un tremendo desfase, un gran desequilibrio entre nuestros pensamientos opuestos y casi siempre gana el pesimismo. Entre nuestro refranero popular encontramos locuciones interesantes como: "piensa mal y acertarás", acaso, ¿pensando bien no se acierta? Si desconfiamos de lo desconocido, ¿cómo avanzamos? Hay que tomar algún tipo de riesgo, comedido, estudiado y lanzarnos al desafío.

Si pensamos habitualmente de manera negativa, sufrimos, somos los primeros en sentir sus efectos. Posteriormente, dañamos las relaciones por seguir en la línea del mal pensamiento y, posiblemente lo extrapolemos al prójimo recreando una situación incómoda y tensa. Este es un pensamiento erróneo que sabotea la posibilidad de generar relaciones satisfactorias en todos los sentidos. Pensar correctamente, de manera positiva, equivale a la renuncia de actitudes egoístas que contaminan y enferman relaciones. Pensar con positividad tiene sus ventajas, pero pensar correctamente, con optimismo, no es la panacea, alguna cosas nunca suceden como uno espera, a veces, se superan. La primera de las ventajas es tu salud mental. Debes tener presente que cuando se decide incorporar nueva información en la mente se ha de reforzar de continuo para que adquiera peso y pueda purgar la vieja y perjudicial. Es cuestión de tiempo y paciencia. Recuerda que ser perseverante solo depende de tu nivel de necesidad y urgencia. La segunda ventaja serán tus relaciones. Estas sufrirán un revés agradable en ambos sentidos. Cuando la corrección se asienta en nuestras maneras de pensar somos como extraños en el entorno, porque estamos proyectando un nuevo yo en los demás. Nuestros pensamientos son refrescantes y al traducirlos en palabras en los oídos ajenos, el efecto que se crea es atrayente. Las palabras ahora animan, entusiasman, sanan, tienen el don del beneficio.

Más arriba he dicho que la educación está basada en la desconfianza y es doblemente verdad porque siempre se nos ha enseñado a confiar en los demás, en el entorno, pero nunca o casi nunca en nosotros mismos. La actitud mental positiva comienza en nuestro interior, en una confianza que se gesta en nuestras capacidades innatas y nuestra resiliencia ante las situaciones de la vida que por tal enfoque inadecuado dejan que desear. Una personalidad optimista tiene la capacidad de aumentar logros que cualquier personalidad negativa. Hemos de ser más positivos y para ello hemos de reprogramar nuestra mente a través de adquirir de continuo información con carácter positivo. Pero, no solamente eso, sino, ser capaces de llevarlo a la práctica para que se reinstale en nuestros patrones de conducta y formen parte de nuestra manera de ser. Han de integrarse en nuestro ADN.

Cuando nuestro pensamiento positivo vaya tomando forma en nuestra vida, los mismos desafíos y problemas de cualquier índole, se verán de otra forma. Nuestra resiliencia, nuestra capacidad para superar circunstancias, ira en aumento. E ira en aumento la confianza y la seguridad consigo mismo. Sin embargo, no creamos que llegaremos a la infalibilidad, tendremos nuestros tropiezos y nuestras caídas, pero ellos serán nuestra costra, irán generando nuestro escudo frente a los conflictos que se presenten de nuevo. Ellos serán nuestro salvaguardia, porque como bien se sabe, las fortalezas de un hombre fueron sus debilidades ayer, así que en éstas estuvieron esas semillas que con el tiempo y sus aprietes fueron creciendo y forjando hasta alcanzar tal abrigo que ni los más gélidos vientos penetran.

Nuestro cerebro es neutral. Aprende lo que la mente absorbe por los sentidos del cuerpo humano. Ser positivo no es voluntad de los dioses, ni resultado de alineaciones astrales favorables al horóscopo y día de nacimiento, nada de ello, si puede influir el temperamento de la persona, pero en porcentajes bajos, tan bajos que si un temperamento sanguíneo con tendencia a las alegrías y regocijos de la vida, las circunstancias lo pueden llegar a doblegar hasta la aflicción. La vida, a veces, te da puñetazos hasta que revientas o espabiles.

Bien, la resiliencia es una actitud que se puede entrenar como la actitud positiva. Tienes que esforzarte en aceptar la situación y no negarla en absoluto. Proponerte no dejarte vencer por la misma puesto que siempre hay soluciones para todo. Entender que habrá presiones y fuerzas en contra que se han de soportar y lidiar. Dejar la tristeza a un lado y tomarse las cosas y situación con un poco de humor. Por supuesto, aprender de los errores para no volver a repetirlos. Es emocionalmente inteligente controlar todo pensamiento negativo que vendrá a sabotear tu objetivo que no es otro que salir de tan acontecimiento. Tienes que llegar a sentir que la vida la controlas tú, no las circunstancias. A nivel de relaciones, la empatía es de orden primordial para llegar a acuerdos y entendimientos afectivos. Aprenderás a tener metas realistas. Una meta realista es aquella que sabiendo dónde estás y el esfuerzo que estás dispuesto a invertir, con el tiempo, urgencia y habilidades, puedes verla razonablemente alcanzable. Lo irreal es querer llegar a la luna sin preparación alguna. Las metas inalcanzables lo son por no tener dichos datos presentes.

En resumidas cuentas ser positivo es una cuestión de aprendizaje perseverante de nuestros pensamientos, sentimientos y práctica. Ser resilientes es resultado de aplicar el optimismo aprendido con responsabilidad en una dirección concreta y beneficiosa para las partes implicadas en la situación. Y, por último, como premisa recordar que: ¨Dios no da nueces a quien no tiene dientes¨.

Un problema es la oportunidad que nos da la vida para crecer, para aprender y fortalecer nuestra alma ante nuevos desafíos. Si no sentimos ser capaces, preparémonos inteligentemente para ello.

Seamos positivos, actuemos con coherencia y convicción y esperemos el mejor resultado, nuestro crecimiento.

 

 

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