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UN VOTO DE CONFIANZA

En más de una ocasión me pregunto qué va a ser de estas generaciones jóvenes frente a un mundo tan hostil y corrompido que amenaza lo primordial y básico en sociedades que desean prosperar. La cultura, la educación en valores humanos parece estar en peligro de extinción. Nuestros jóvenes aparentan estar tan absorbidos por las nuevas tecnologías, por lo pueril e insignificante que conllevan, que lo importante lo pierden de vista. Ya no valoran la belleza, pues les atrae lo perverso y animal, ya no valoran la bondad, pues la maldad es más entretenida, ya no valoran la verdad, la mentira es más interesada, ni la lectura que es la puerta de entrada a la libertad de sus almas. Almas pobres que retroalimentan con vanidades y pedanterías abocadas a la tristeza y el vacío de una existencia superflua e insigne.
La Belleza esta por doquier y sus miradas perdidas entre celulares y tablets de pantallas táctiles. La Verdad en sus corazones, donde los sueños quedan desplazados por vulgares espejismos sin peso ninguno, sin motivación para avanzar y crecer. La Bondad, la bondad es un anhelo, un recuerdo visto en celuloides sin revisión alguna. Pero...aun ante tal despliegue deprimente que vemos que engulle como un monstruo a nuestros hijos, surgen destellos de verdad, de belleza y bondad que asombran a quienes tienen sus corazones abiertos a la esperanza.
Una mujer joven, adolescente y con un futuro por delante, con un potencial a punto de crujir como una palomita de maíz, me adelantó un recorte microrrelato que me asombró, y quiero compartir con aquellos que aún se regocijan en las lecturas con sentido.
Solo añado las gracias por tal deferencia por parte de Irene, la narradora, pues su corto relato es tan emotivo como capaz de sacar una lágrima a quien apasionadamente lee sus líneas desde el corazón. Y con ello, animo a los jóvenes a que redescubran aquello que les hará mejores en todos los sentidos: la cultura. Y una educación en valores integros.

Anna miraba la Luna y estrellas.
"¿Por qué?" "Por favor ayúdame"
Llorando, rogaba el poder encontrar una solución.
"Odio esto, odio mi vida, me odio"
La sangre seguía fluyendo por el brazo, llegando hasta la mano y cayendo en gotas desde las puntas de sus dedos al suelo. La cuchilla cayó al ensangrentado suelo.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, cogió aquella caja de antidepresivos, tomando las pastillas de cuatro en cuatro. Caminó hasta el baño, adentrándose en la bañera. El agua tibia la relajaba; le entraba sueño. Escuchaba los golpes lejanos de la puerta. Alguien intentaba entrar.
-¡Anna!¡Anna por favor, abre la puerta!-.
"Quiero morir"
-¡Anna por favor, cariño!-.
"Dejadme, soy un asco"
-¡Anna por favor, por favor, te lo suplico, no hagas nada!- La madre lloraba desesperada, golpeando la puerta, intentando abrirla.
Anna empezaba a dejar de escuchar, veía borroso.
Una mujer se puso delante de ella dándole un beso en la frente, acariciándole el pelo empapado.
-Mi cielo, descansa, todo estará bien, estoy y estaré contigo siempre-.
Rompió a llorar. Lo supo. No era hora.
Con las pocas fuerzas que tenía, llamó a su madre.
-Mamá, ayúdame, por favor-.
Lo último que escuchó y sintió fue la puerta rompiéndose y los brazos de alguien sacándola de la bañera. La oscuridad invadió su cuerpo.
-¡Mamá!- Gritó Anna, con los ojos empapados de lágrimas.

 

José Joaquín Llinares Nadal

La Ribera

TNR

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