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La necesidad de ser

Muy en el interior del hombre palpita una sensación extraña y a la vez conocida. Una reminiscencia paradójica, un recuerdo impreciso que no sabemos traducir con claridad. Pero, insistente su presencia, nos evoca a buscar respuestas, a encontrar una explicación que nos convenza, aun no sabiendo qué es realmente. Algo que deje de generar dicha inquietud y apacigüe ese estado efervescente. Algo quiere nacer en nuestro más íntimo paraje del alma. Algo que intuimos pero no concebimos con la suficiente claridad como para provocar el parto.

Nos planteamos la finalidad de la existencia cuando usamos la razón, pero la respuesta parece lejana y que no pertenezca al mundo del intelecto. Imaginamos que algo tiene que ver el mismo corazón pues de allí surge dicho palpitar de vida que nos intriga y desafía. Sumidos en el dolor y la desesperación buscamos esa replica consustancial que puede dar sentido a la misma vida. Que puede erradicar el convulso sentir de lo irrazonable.

Necesitamos SER. Ser lo que en realidad somos. Necesitamos dejar de escondernos detrás de la multitud de máscaras de una personalidad creada por un ego que nos confunde diariamente para ensalzarse como dueño y señor de lo ilusorio. Necesitamos ser para descubrir la verdad que esconde nuestro corazón, nuestra arca de la alianza con lo espiritual. Necesitamos ser para trascender la larva materialista y convertirnos en mariposa espiritual. Necesitamos dejar de ver en nuestros espejos la bestia que aparentamos, y ver y admirar la bella que somos. Hay una urgencia muy subjetiva en nuestro interior que reclama su herencia, y hemos de abrirnos a esta posibilidad tan infinitamente elevada que relucirá como un diamante en plena montaña de escombros. Ese algo que palpita pasión hay que exteriorizarlo como lo bendito que es. Porque ese algo no es más que la chispa divina, el soplo divino que dio Vida a nuestra vida y que necesita inminentemente eclosionar.

No es privilegio de nadie. Corresponde a cada cual. Los demás son referentes. Espejos donde mirarse. Es un contrato muy personal, un contrato muy elevado y profundo. Es una necesidad llevarlo a cabo cuanto antes. Siempre hay tiempo, pero nunca sabes cuánto. Ahí está la paz del alma, que por ella, clama desde lo profundo de tu corazón. Ese es el trabajo que resolverá la paradoja. Se dice que la acción es fruto de la emoción. Emociónate con la tarea de descubrir y desvelar tu interior con las llaves del conocimiento ancestral de aquellos que ya han dado a conocer su hazaña. Actúa en tu beneficio. Lo demás se queda en tierra de nadie. Solo tu fértil mente, tu prolífico corazón puede hacer realidad el despertar del sueño que vives, despertar real alejado de la cueva virtual que te inculcan al nacer y refuerzan de por vida. Pero si tienes miedo a dar el paso, seguirás con los escalofríos de siempre, con la soledad sombría de costumbre, y con el ansia quebrada de un alma que no consigue ser dueña de sí misma. Vuelves a tener la misma inaudita sensación de siempre, el sin sentido de una vida sin fundamento, perdida en un bosque sin árboles, un sinsentido mortífero y agobiante. La asfixia de la desolación que muerde en silencio las fibras de una vida que reclama su sentido, su norte, su sino. Es la muerte en vida.

Compromiso es la consigna capaz de dar forma a esta sensación nuclear que emerge desde las entrañas. Un compromiso capaz de soportar adversidades y oposiciones, que en el único campo de batalla mental se habrán de librar. Un compromiso heroico con disponibilidad de contraatacar aun en sus flaquezas, porque la buena fortuna fluye en sus gaseosas arterias.

Responder con la única fuerza a esa paradoja que acongoja en momentos de flacidez ante los desvaríos de la vida, responder digo con amor que todo lo puede. El amor a sí mismo para reflejar en el espejo a esa alma realizada y renovada ante la exigencia de la existencia.

El perro es perro. El gato es gato. Son lo que son. Pero el hombre no es capaz de ser hombre, porque no se propone superarse. No se trata se ser un superhombre, simplemente de ponerse a su altura, a la misma altura de los mejores, de aquellos que han demostrado su humildad, nobleza y dignidad. Aquellos que han engrandecido la sabiduría y la verdad, que han coronado la humanidad. No es pedir llegar a la luna con alas de mariposa, es tomar de los mejores ejemplos y referentes un punto de partida en la dirección adecuada para alcanzar la cima de tal propósito y responder a esa pregunta inminente, ¿dónde empieza el hombre, el verdadero hombre? En el Ser. Es esa parte escondida de la cual hemos hablado arriba y que nos llama a esa proyección. Allí suenan las campanas de la alegría, el himno del corazón.

Gracias.

 

José Joaquín Llinares Nadal.

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